martes, 16 de abril de 2013

Oficio y desmadre/IV



Ofrecemos a los lectores de Contadero, un texto del periodista capitalino, avecindado en Querétaro, Ramón Martínez de Velasco. La primera entrega de esta serie fue publicada aquí el 22 de abril de 2010.

Y no comprendo cómo el tiempo pasa,
 yo que soy tiempo y sangre y agonía
 Jorge Luis Borges.

Ahora que escribo esta cuarta entrega, noto que la primera data del 26 febrero del año 2007 y la segunda del 28 de marzo del 2011. De la tercera no tengo referencia, pero supongo que también data de hace casi dos años.

Por tanto, debo adelantar a los lectores de la actualidad que ‘Entre el oficio y el desmadre’ es algo así como una semblanza personal, pero cuyo centro es el periodismo; o, si se quiere, lo que fui encontrándome en torno a mi oficio, que aún hoy es el periodismo, carrera que decidí estudiar en 1978 durante mi estancia en el Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM, el muy famoso CCH (Sur).

Con ese sueño, y gracias al bendito ‘pase automático’, en 1980 ingresé a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), que se ubicaba juntito a las famosas ‘islas’ de Ciudad Universitaria, donde sucedían muchas cosas y a donde llegaba gente de todo tipo, no precisamente a estudiar.

Sobre aquella etapa, época o periodo, un conocido mío me envió un texto que halló en la Internet, donde su autor me cita. O sea, menciona mi nombre y apellidos. El autor es Alberto Vargas Iturbe, “escritor necense miembro de la Cofradía de Coyotes”, según lo cita la revista que le brindó un espacio, por cuyo ‘link’ supongo que se llama Espartaco y que publica la Universidad Autónoma Metropolitana, plantel Azcapotzalco.

Su texto, titulado ‘Necropsia de un poeta’, gira en torno a dos cuestiones: la revista Desmadre, y a quien la nombró así.

Citaré algunas líneas de Alberto Vargas Iturbe (a quien le apodaban ‘el kung-fu’, y nunca supe porqué), y alrededor de ellas tejeré las propias.

“A principios de 1980 se reunió un grupo de escritores principiantes en la FCPyS de la UNAM: Luciano Cano Estrada, Juan Bautista Mendoza, Ramón Martínez de Velasco y Martín Ortiz Saldivar. Ellos fundaron la revista Desmadre.

“La idea original era la de publicar y abrir sus puertas a otros jóvenes que escribieran lo que se les diera la gana. Los cuatro cabrones eran de ideas anarquistas. Les gustaba harto chupar y fumar mota. Todos tenían trabajo y hacían cooperación para sacar las copias a un original.

“Luciano murió de cirrosis. Varios de los que escribieron ahora son escritores con trayectoria, y con algunos libros publicados. Martín se fue a Veracruz. Ramón a Querétaro. Juan Bautista se casó y desapareció. No sabemos si se retiraron o sigan escribiendo. Hace varios años que no se comunican. Aquí en Neza nos aferramos y siguió publicándose la revista Desmadre.

“De hecho. Desmadre fue la primera revista de literatura en Neza. Se repartía entre los amigos y los allegados de los amigos. Iba de mano en mano, de modo que era una cadenita que se alargaba hasta que alguno no continuaba, o se limpiaba la cola con la revista. El tiempo dirá cuáles fuimos buenos. Si ninguno pasa a la inmortalidad, pues que chingue a su madre el tiempo. Ya pasaron más de 25 años y algunos seguimos chingándole.

Ramón fue quien nos invitó a publicar. Le llevábamos poemas y cuentos. Era la primera vez que publicábamos. Nos pusimos felices. Una noche conocí a los integrantes del Consejo Editorial, y tomamos mucha cerveza y tequila de puro gusto.

“Ramón era más bien chaparro, de ojos verdes, delgado, risueño y desmadroso. Juan Bautista era moreno, de estatura regular y soltaba unas carcajadotas. Martín tenía la barba de candado y era flaco como coyote. Luciano era moreno, usaba lentes, de complexión ni gordo ni flaco. Trabajaba en el Departamento del Distrito Federal (DDF), andaba arregladito y usaba saco y corbata. Cuando agarró el pedo fuerte dejó el trabajo y no se volvió a parar allí nunca más.  

“Ramón y Luciano hablaban del suicidio, influenciados por un maestrito pendejo que daba clases de ‘Metodología’ en la Facultad. Un joven estudiante se suicidó por hacerle caso y ese maestro pendejo tenía el descaro de presumir ese hecho. Se iba a tomar vino tinto y nunca se suicidó. Tenia una buena vieja y los amigos lo empedaban para hacerlo güey.

“A Ramón y a Luciano les recomendé leer a Henry Miller, porque él sí disfrutó las mieles de esta vida. Yo soy vitalista. Fumé mota unos tres meses y luego aventé esa chingadera y fui feliz echándome unas copas de alcohol, que tuve que dejar porque me dio esquizofrenia. Los vitalistas amamos la vida y nos reímos de cualquier cosa, por insignificante que sea. Luciano agarró el vicio por puro pendejo. En unos meses se acabaron sus ahorros y empezó a vender sus cosas de valor. Al último vendió sus libros, baratos, y decidió morirse de borracho.

“A mediados de los años 80 nos reuníamos en un café en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Nos llegamos a reunir hasta 40. Muchos se creían escritores, otros intelectuales. Pero de esta parvada de cabrones que se creían muy nalgas, ninguno salió escritor ni intelectual. El café se ubicaba en la esquina de Dolores y Victoria. Todo marchaba bien hasta que empezaron a ir los Infrarrealistas. A ésos les gustaba el vicio de todo tipo. Pedían café y un vaso con agua, sacaban la botella a escondidas y estaban tome y tome. Al poco tiempo se enteró el dueño y nos corrió. . Muchos ‘Infras’ publicaron en la revista Desmadre.

“Cuando Luciano se salió de trabajar fue cuando mejor funcionó la revista, porque casi él lo hacía todo. Luciano tenía una maquinita Olivetti que le había regalado Ramón Martínez de Velasco. Pinche maquinita aguantó bastante. Luciano publicó en todos los números de la revista Desmadre y hacía las editoriales. A Luciano le gustaba tanto tomar que de eso murió”.

Si los lectores desean saber más de Alberto Vargas Iturbe, accedan a: albertovargasiturbe.blogspot.mx

En la próxima entrega, que ahora sí voy a escribir y a enviar a este blog en cosa de días, voy a detallar algunas anécdotas que aquí reproduje, y que no me llevaron a la locura de puro milagro.

Será la entrega número V.

lunes, 8 de abril de 2013

Horario de verano y otras ficciones

¿Y si además de imponer el horario de verano se les ocurriera --como otro modo de incrementar sus ganancias-- añadir un día hábil a la semana? Seguramente lo lograrían porque vivimos en un mundo de ficciones: la ficción democrática, la ficción del Estado de derecho, la ficción económica, entre otras.

Tan vivimos en una ficción económica, por ejemplo, que un día a alguien se le ocurrió quitarle tres ceros al peso para, dijo, facilitar las operaciones financieras. Si eso pudo hacerse es porque el dinero, ese papelito por el que nos matamos todos los días para ganarlo y poder comprar cosas (como debe ser), en realidad no existe.

A propósito de esa adecuación monetaria, permítaseme una referencia personal para decir que mis hijos aún se sorprenden de que tenga libros por los que pagué 15, 600 y que hoy no valen más de 150. Como ellos hay miles de jóvenes que estaban naciendo cuando se adoptó esa ocurrencia, de modo que ignoran la ficción en que ahora viven y creen que el peso ya regresó a su paridad histórica de 12.50 respecto del dólar.

Incluso muchos de quienes fueron testigos de ese cambio ya no lo recuerdan. Y si eso ocurre con hechos que vivieron, qué será con aquellas normas y convenciones que se impusieron cuando ni aun habían nacido y a los que simplemente se adaptaron apenas tuvieron consciencia de sí, considerándolos --no como resultado de procesos históricos--  sino como leyes eternas e inmutables con las que simplemente hay que vivir.

Ese es el "encanto" de las ficciones en que vivimos: la mayoría fueron impuestas y responden al interés de grupos organizados que se benefician de ellas, pero esto no resulta evidente, pues se hacen parecer como cosas naturales.

Así, pues, dispongámonos a vivir  los próximos siete meses del año con la ficción del horario de verano y hagamos de cuenta que entre el sábado 6 y el domingo 7 de este abril, la Tierra giró una hora más rápido sobre su eje o que, de acuerdo con esa otra ocurrencia de la señora Rosario Robles, sólo es otra muestra de que, en efecto, están moviendo a México.