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lunes, 11 de abril de 2011

Enrique Diemecke



El director de orquesta mexicano Enrique Arturo Diemecke regresará al país el mes de junio próximo para hacerse cargo de la dirección artística de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM).

El autor de Contadero entrevistó al maestro Diemecke en marzo de 2007, cuando estaba por dejar la dirección de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), al frente de la cual estuvo durante 16 años y medio. Reproduzco aquí parte de esa conversación.

--¿Cuál es el margen de intervención de un director ante una partitura?

Diemecke: Los compositores nos dan una idea de lo que quieren que nosotros, a través del tiempo, vayamos entendiendo para poder interpretar. Las indicaciones que un compositor nos deja son, sin embargo, muy generales. Un movimiento de una sinfonía puede nada más indicar Allegro con brío. ¿Qué significa esto? Alegría con brillo. Pero esta alegría qué significa en el siglo XXI. ¿Cómo era la alegría en el siglo XIX?

El director conduce a la orquesta a comprender cómo se interpretaban estos términos en la época en que el compositor escribió. El director unifica a los artistas en la idea general de la obra. Porque puede suceder que algún músico piense que si una obra es del siglo XVIII no puede interpretarse como si fuera del XIX, porque así se lo enseñó su maestro. Entonces uno debe tener la fuerza para conducirlos a adoptar un criterio que afortunada o desafortunadamente es el del director.

El director tiene que consensar, pero la ley primaria es la del compositor. Uno tiene que pensar en la época en que una pieza fue compuesta, en el estado de ánimo del compositor y en lo que a través del tiempo se ha ido descubriendo acerca de esa obra.

--Usted suele comparar las orquestas con una República, pero por lo que dice, no sería una República democrática.

Diemecke: Vamos a introducir un matiz. El director consensa. Pero existe una ley que debe ser respetada, y esa ley se llama música. El director está al frente para que todo funcione de una manera perfecta, y la única forma de hacerlo es respetando la ley o viene la anarquía. Siempre hay un toma y daca y uno debe aprender a ceder en algunas cosas.

--Una orquesta puede sonar muy bien, pero no conmover ni lograr esa necesaria comunión con el público ¿cómo equilibra virtuosismo técnico con el sentimiento, con la pasión?

Diemecke: Esa fue una de las grandes batallas del siglo XX. La gente buscó la expresión técnica hasta la exageración y se olvidó de la pasión y de la expresión. Los propios compositores escribieron música con gran precisión técnica: donde sólo luciera lo técnico y donde no tuviera cabida ni la pasión ni la emoción.

El director debe buscar ese equilibrio. Y aunque una obra esté escrita con precisión técnica, si uno piensa que debe tener fogosidad el director puede imprimirla. Eso se trabaja en los ensayos. El director guía a los músicos y les señala hasta dónde debe buscarse la perfección y dónde debe empezar la pasión. Cuando se alcanzan ambos se logra algo muy especial, se rompen todas las barreras.Uno debe cuidar ambos factores, porque sólo así se consigue la perfección en una ejecusión.

--Usted es un director multipremiado, y de más en más vemos cómo se multiplican los premios para la música clásica. Hay incluso un Grammy para el mejor disco de la especialidad ¿Cree que esto contribuye a extender la cultura musical o es simple estrategia comercial?

Diemecke: Los premios estimulan al ejecutante a seguir desarrollándose, pero también para que uno sepa dónde está su nivel. Un premio no es para colgárselo y echarse a dormir, sino para medir el desarrollo personal alcanzado. La música clásica tiene mucha competencia con la música comercial, y por eso es importante que esté presente en los Grammys, para que no desaparezca del escaparate y se note que sigue existiendo.

--¿Pero esa exposición no se queda al nivel de los highlight? Vaya, todos conocemos la Pequeña serenata nocturna, pero no la segunda sinfonía de Jean Sibelius, por ejemplo.



Diemecke: Creo que todo lo que ayude a presentar la música clásica en cualquier ambiente siempre es mejor que nada. La segunda sinfonía de Sibelius también es conocida, pero la gente no sabe que se trata de esa pieza...

--Hasta que la escucha en algún gingle

Diemecke: Sí, por ejemplo, Finlandia, que también es de Sibelius, aparece al final de la película Duro de matar II, y mucha gente la escucha, pero no sabe que se trata de esa obra. También aparece esta música en los ringtones. Incluso hay una orquesta londinense dedicada a grabar ringtones.

Lo único que sí pido es que la música clásica esté bien presentada. Que no se distorsione. En una época estuve en contra de arreglos sinfónicos con baterías y guitarras eléctricas, que pretendían actualizar a los clásicos, pero los deformaron porque le dieron una expresión totalmente errónea a la idea del compositor.

Que se presente, pero en su forma original para que el público la absorba de esa manera, de lo contrario sería como servir enchiladas...con catsup.

--Hace unos años comentó que un problema de los conjuntos orquestales mexicanos era la falta de continuidad. Usted lleva 16 años al frente de la OSN ¿cuál cree que sea el principal aporte que ha dejado a la orquesta en todo ese tiempo?

Diemecke: Dieciséis y medio para ser exactos. Una entrega total a la música para la que nacimos y fuimos entrenados y amamos. En la orquesta llegamos a la comprensión de que ante todo estaba la música. Y que podían ocurrir situaciones externas, pero que no debían afectar el amor y la pasión que sentimos por la música, pues mientras la música siga tocándose habrá vida.