viernes, 24 de septiembre de 2010

Machote



La oficina encargada de la papelería en Los Pinos ha ordenado la impresión del siguiente formato, según trascendió:



El presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Felipe Calderón Hinojosa, condena de la manera más enérgica la artera acción criminal en la que perdió la vida ____________________________ (Anótese aquí el nombre del próximo alcalde, mando medio, soldado o civil, muerto o asesinado por el crimen organizado o por militares) y expresa sus condolencias a la familia por tan lamentable pérdida.

El Gobierno Federal reitera su compromiso de continuar trabajando por la seguridad de todos los ciudadanos y no dar tregua a las bandas criminales.

jueves, 23 de septiembre de 2010

PAN: aniversario y derrota



El discurso pronunciado ayer por Felipe Calderón, en ocasión del 71 aniversario de la fundación del Partido Acción Nacional (PAN), puede leerse como una "confesión de parte" de la crisis por la que atravieza ese partido.

Lo que quiso ser seguramente una pieza oratoria motivadora terminó siendo una tácita admisión del ánimo derrotista que campea entre los panistas de cara a las elecciones de 2011 y las presidenciales de 2012.

De acuerdo con Calderón, al panismo "le falta alma, le falta ánimo". Fue más allá: parafraseando a quien reconoce como su formador ideológico, Carlos Castillo Peraza, cuestionó que los panistas se avergonzaran de sí mismos y se sintieran como "perros acosados".

Finalmente, les pidió que no se sintieran menos y que reivindiquen la obra de gobierno que ha hecho el partido porque "nadie más lo va a reconocer".

El discurso es notable porque da cuenta de que Calderón está al tanto de que su administración ha puesto a su partido contra las cuerdas. Las derrotas electorales de 2009 y 2010 --así hayan ganado algunas posiciones merced a su alianza con el PRD--, así como las crecientes descalificaciones que cada vez más amplios sectores de la población dirigen contra el actual gobierno de facto han postrado a la militancia panista.

Sin argumentos --puesto que "la obra de gobierno que ha hecho el partido" ha resultado más bien catastrófica en materia económica, en seguridad pública, en educación, en política exterior y en casi cualquier ámbito de la administración pública que se analice-- los panistas saben en su fuero interno que las derrotas de estos años los acercan irremediablemente a entregar el poder en 2012.

Ese es el ánimo que también percibe Calderón. De ahí su discurso, el cual resultó más revelador que motivador.

Sabe que si no son los panistas, nadie cantará las loas que requiere su "gobierno".Lo malo para el calderonismo es que nunca ha contado con una figura con la talla suficiente para salir al paso y refutar, con alguna credibilidad y con un discurso sólido, las descalificaciones que lo agobian.

Quienes lo han intentado, como el ex secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, o el ex presidente nacional del PAN, Germán Martínez, han terminado como cartuchos quemados por lo que parece ser el signo del calderonismo: la mendacidad.

Desconfiado, celoso de que alguien le robe reflectores del poder , quizá por la deslegitimación que lo persigue, o por todo eso a la vez, Calderón ha insistido en ser él quien responda en todos los frentesde conflicto que diario se le abren a su administración.

La grisura de su gabinete parece ser otro efecto buscado a propósito por el felipismo para no sentirse incómodo.

En su arenga de ayer, el ocupante de Los Pinos, acaso sin quererlo, terminó por reconocer que la base social del panismo está acorralada, acaso avergonzada y muy conciente de la derrota que viene.

martes, 14 de septiembre de 2010

Caso Diego: la venganza social

El grupo en el poder ha debido tomar nota de la repulsa social que concita la figura de Diego Fernández de Cevallos y lo que representa.

El secuestro de Fernández de Cevallos ha sido, a su modo, un termómetro que resume el ánimo social contra quienes se identifica como miembros prominentes de una clase política corrupta, enriquecida al amparo de los cargos públicos  y del tráfico de influencias en detrimento del bienestar general.

Los comentarios --burlones, unos; despreciativos, otros-- dejados por internautas en los espacios de opinión de las ediciones de periódicos on line, reflejan un ánimo de venganza satisfecho.

Se dirá que se trata de reacciones indeseadas, puesto que nadie debería regocijarse con el dolor ajeno. Esos internautas pueden llegar a condolerse de la suerte del político panista, pero en general, muestran beneplácito por su situación actual, la cual es considerada como "un justo castigo" "por todo lo que nos ha robado" o por todo "el sufrimiento que causan al pueblo sus rapacerías".

La mayoría de esos lectores opina que el secuestro es una práctica deleznable y cuyo sufrimiento no se desea a nadie, pero aplicada al llamado Jefe es un castigo apenas merecido. Se trata de una reacción propia de un sociedad resentida contra una clase política arbitraria acostumbrada a vejar a la ciudadanía y a la que difícilmente se le puede llamar a cuentas por sus despropósitos porque la impunidad es la patente de corzo del sistema.

Se trata, en suma, de una reacción, si se quiere visceral y primitiva, pero explicable en una población que carece de los mecanismos institucionales y legales, propios de una auténtica democracia, que le permitan ejercer sus derechos ante el abuso o el incumplimiento de los gobernantes.

Si deben ocurrir episodios como éste para que el ciudadano sienta que por fin se hace justicia --así sea por medios extralegales-- ello muestra no sólo el resentimiento social acumulado contra la clase dirigente, sino peor, la ínfima calidad de la democracia mexicana , el descrédito y falta de representatividad  de esa élite y la deslegitimación de las instituciones..

Allí se encuentra también el origen de los infructuosos llamados de Felipe Calderón para que la población se una, adopte y sienta como suya la guerra contra los cárteles de la droga.. Un hombre cercado por la ineptitud propia y de sus colaboradores, perseguido además por las sospecha de haberse robado la presidencia de la República, jamás concitará el ánimo popular en torno suyo o de sus políticas.

El secuestro de Fernández de Cevallos muestra, así, la dimensión del resentimiento social y, paralelamente, la falta de representatividad y legitimidad que la población percibe en los políticos.

Durante esa otra simulación denominada Diálogos por la seguridad Calderón reconoció que su grupo no había atinado a comunicar a la sociedad los esfuerzos que se realizan en el combate a la delincuencia. En consecuencia, nombró a Alejandro Poiré como vocero de la Estrategia de Seguridad Nacional.

El problema, sin embargo, está en otra parte. No sólo se trata de un asunto de comunicación. Y el caso Diego ayuda a proporcionar alguna de las claves.